lunes, 25 de febrero de 2013

El autogás seduce cada vez a más conductores


GLP, tres letras que esconden las siglas de un combustible cada vez más extendido en la ciudad.
En realidad no es más que una mezcla de butano y propano utilizado desde hace tiempo por taxistas y repartidores, pero la continua escalada de precios del gasoil y la gasolina lo ha convertido en una alternativa rentable no solo para los profesionales del sector del transporte, sino también para particulares que llenan el depósito con frecuencia.
El gas licuado del petróleo, de ahí el acrónimo GLP, se vende a la mitad de precio que el gasoil, contamina menos y los vehículos no notan la diferencia.
Por algo menos de dos mil euros los mecánicos adaptan un coche con motor de gasolina a autogás. El GLP se almacena en estado líquido a unos 10 bares de presión en un pequeño depósito que cabe en el hueco de la rueda de repuesto y que permite recorrer de media unos 500 kilómetros. Según explican desde la Asociación Española de Operadores de Gases Licuados del Petróleo, una vez que se acredita el cambio hay que dirigirse a cualquier ITV para revisar la instalación y comprobar que cumple con la normativa en vigor. En la ficha técnica del vehículo debe quedar reflejado que es apto para circular por la vía pública con GLP como combustible. (Leer más) 
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