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sábado, 29 de junio de 2013

Los smartphones, las Apps y otras distracciones

El ser humano se distrae en cualquier faceta de la vida y en cualquier actividad que esté desarrollando encuentra la distracción. Sabemos que es muy difícil mantener la concentración de forma prolongada porque requiere un gran esfuerzo. 
Por otro lado, conocemos por diferentes estudios que "conectarse y desconectarse" sin parar, cambiar la atención continuamente, tiene un impacto en nuestro cociente intelectual equivalente al de dejar de dormir durante una noche.
Según un estudio realizado en Harvard por doctores en psicología, la mitad de los pensamientos que tenemos no tienen nada que ver con lo que estamos haciendo.

 ¿Cómo afecta a la conducción?

Si nos centramos en el acto de conducir, es sabido que en el inicio de la conducción, el conductor novel le dedica una atención prácticamente absoluta ya que le representa una tarea de cierta dificultad.
Recuerdo la concentración de mis alumnos en sus primeras clases de conducción, lo cansados que acababan y las agujetas que reconocían tener al día siguiente por el esfuerzo realizado. Era tal la focalización sobre las diferentes tareas que requiere la conducción que llegaban a dejar de observar estímulos tan importantes para la circulación como los semáforos, las señales e incluso el vehículo y los peatones. Pero a medida que adquirimos destrezas y habilidades vamos automatizando las tareas de la conducción, cuestión que favorece la bajada de la atención.

La experiencia es buena para la conducción, nos ayuda a predecir, a anticiparnos y también a utilizar nuestra capacidad metal para otras cosas; pero esto puede provocar que dejemos de captar informaciones relevantes que aparecen de forma inesperada y que suponen un riesgo para la conducción. ¿Cuántas veces hemos conducido nuestro vehículo y, en un momento determinado, nos hemos percatado que habíamos perdido la concentración y, de hecho, no recodamos parte del trayecto?
Recuerdo haber leído un estudio realizado a unos pilotos de aeronaves cuando practicaban con un simulador la operación de aterrizaje; el monitor introdujo una variable imprevista, un Boing justo en medio de la pista y en la posición de aterrizaje. Pues bien, gran parte de los pilotos tomaron tierra encima del avión que había aparecido. La respuesta que se le dio a este hecho fue la atención que habían de prestar a todas las operaciones a realizar: luces, palancas, conversaciones, ratificación de las órdenes que fue mucho mayor que el estimulo visual de ver un avión estacionado en tierra y que hizo que pasara desapercibido. (Seguir leyendo)

Manuel Nogales Romero, director de Consultoría de Editorial  ETRASA

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