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lunes, 10 de octubre de 2016

Luis Montoro: "Existen tecnologías para evitar los casos de kamikazes, pero no se implantan por resultar caras"

LUIS MONTORO, catedrático de Seguridad Vial, ha sido decano de la facultad de Psicología en la Universidad de Valencia y fundador del Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial (Intras). Durante su trayectoria profesional ha publicado más de 35 libros, ha coordinado más de 150 proyectos científicos y ha dirigido numerosas tesis doctorales en materia de tráfico, lo que le ha valido ser reconocido con la medalla al mérito de la Seguridad Vial de la Dirección General de Tráfico, además de haber recibido más de una veintena de premios nacionales e internacionales en reconocimiento a su labor investigadora.

¿Cuál es el origen del término kamikaze? 

Kamikaze es un término japonés que se traduce como viento divino. Su origen se remonta al siglo XIII cuando los barcos mongoles que querían invadir Japón en 1281 se estrellaron contra las rocas a causa de un fuerte tifón. Posteriormente, el término se popularizó en la Segunda Guerra Mundial y también se aplica ahora a los conductores que circulan en sentido contrario y ponen en peligro su vida y la de los demás. 

En sus estudios sobre conductores kamikazes habla de hasta diez tipologías diferentes. ¿Cuáles son las más comunes? 
El verdadero problema de este tipo de conductores surgió en la década de los noventa en algunas zonas de Latinoamérica. Eran grupos de jóvenes violentos que actuaban como kamikazes por apuestas o búsqueda de emociones. En España el problema no fue demasiado grave, aunque pudieron causar entre 25 o 30 muertes anuales. En la actualidad, las circunstancias que rodean a un kamikaze son, en términos generales, personas mayores, sujetos con algún trastorno de personalidad, conductores bajo los efectos del alcohol o drogas y confusión de señales. 

Habla de confusión de señales. ¿Qué tecnologías se podrían adoptar para que un conductor no entrase en una autovía o autopista en sentido contrario? 
Se podrían hacer muchas cosas, pero el gran problema es el coste económico. Básicamente, existen tres tipos de tecnologías: las mecánicas, las electrónicas y las mixtas. Las mecánicas consisten en sistemas físicos de bloqueo (una barrera por ejemplo) para que un vehículo no pueda seguir cuando va por un espacio prohibido. Luego están las tecnologías electrónicas que detectan, avisan al conductor que circula en sentido contrario, advierten a otros conductores mediante internet o paneles o envían un aviso directamente al 112. Algunas de estas tecnologías se integran en los sistemas eCall, que ya incorporan muchos vehículos. En otros casos, marcas como BMW, Mercedes, Nissan, Proln o Bosch, entre otras, también tienen desarrollados sistemas bastante eficaces para paliar este tipo de problemáticas. Por supuesto también hay sistemas combinados, que incorporan tecnologías electrónicas de detección y aviso de kamikazes, que a su vez activan en la vía algún sistema de bloqueo automático. 

¿Considera que la Administración es sensible a la hora de implantar estas tecnologías? 
La sensibilidad existe, pero dado que estamos hablando del problema de los kamikaces, de los que no se dan demasiados casos al año, la Administración considera que implantar estos sistemas resultaría demasiado caro con relación a los beneficios que reportaría su uso. 

Aunque la mayoría de los casos de kamikazes se producen por despistes, ¿hay razón para alarmarse ante la posible presencia de grupos organizados que fomenten posibles apuestas? 
En España no hay ningún dato que indique la existencia de conductores kamikazes en grupos organizados con presencia de apuestas u otras tipologías similares. Como comentaba antes, este fenómeno tuvo una importante incidencia en Latinoamérica y era como jugar a una ruleta rusa. Consistía en circular por la izquierda en un cambio de rasante o en una curva sin visibilidad para ver si había o no un choque frontal. Por el contrario, sí que se conocen algunos casos de impulsos suicidas en determinados conductores que causan situaciones de riesgo grave.

Fuente: El Progreso

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