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lunes, 10 de abril de 2017

La razón por la que los alumnos y autoescuelas están al límite de su paciencia en Madrid por los exámenes de la DGT

No puede ser peor la situación de las autoescuelas y los alumnos en la Comunidad de Madrid. Tal y como venimos contando desde hace meses en nuestras páginas, las listas de espera para poder conseguir una fecha de examen para obtener el permiso de conducir B, el más demandado, están saturadas hasta decir basta. ¿Es normal entre 2 y 3 meses para examinarse en Madrid? ¿Son los examinadores culpables o responsables de este caos? A todas estas preguntas nos respondió Ricardo Cano, presidente de la Asociación Provincial de Autoescuelas de Madrid (Apamad).


Cano tiene claro cuál es grado de alarma ante esta situación en Madrid para poder examinar a los alumnos del permiso de conducción B: "La situación no es grave... es gravísima", nos dice nada más comenzar la conversación. Y es que todo Madrid, no sólo el Centro de Exámenes de Móstoles, está sumergida en el caos.

La situación es tal por "el paro total en cuanto a tomar medidas por parte de la Administración", nos relata, ya que la falta de una plantilla de examinadores de la DGT que sea suficiente es la clave de este caos.

Muchos alumnos apuntan a sus autoescuelas, desconociendo la verdadera raíz del problema, cargando contra sus centros porque son el intermediario y los primeros en ganarse las iras de los aspirantes al examen práctico. "El problema es la falta de examinadores para todas las pruebas que necesitan los alumnos, y que ésta sean continuadas y ordenadas", nos explica Cano.
Largas esperas

Hoy por hoy, el alumno que aspira a su primer examen debe planificarse con antelación cuándo quiere presentarse, ya que puede encontrase que, cuando solicita y demanda una fecha, le den cita para casi 2 meses o más tiempo de espera. Aún peor es la situación para los alumnos que suspenden en alguna de sus convocatorias. Nada más solicitar una nueva fecha, encuentran que su autoescuela ya tiene una lista de espera interna entre otros alumnos y, además, la lista de espera que le da la DGT para encontrar una plaza en el examen.

Estamos en el peor momento, pero este caos ya se veía venir. Cano nos cuenta cómo el problema se ha ido agravando de manera progresiva desde 2011, cuando se paralizaba la dotación de nuevos funcionarios y se comenzó a no cubrir las bajas por jubilación o enfermedades de larga duración entre los examinadores. La crisis y sus recortes generaban su peor efecto en este campo, como en otras áreas de la sociedad española.

Todo empeoró más si cabe en 2013 cuando se activó el 'protocolo de calidad' en la Administración, que hacía que los examinadores tuvieran menos carga de actividad, pasando de 16 a 13 examinados al día. A lo largo de sus 7 horas y media de jornada laboral diaria, un examinador de la DGT puede examinar hasta un total de 13 alumnos de permiso clase B, aunque también los combina con aspirantes al permiso de motocicleta o de vehículos especiales y profesionales, que llevan más tiempo y dedicación. Un examen para el permiso de vehículo profesional puede extenderse hasta 45 minutos.
La verdadera razón del problema

Ante esto, Cano nos enumeraba algunas de las soluciones y alternativas que las autoescuelas madrileñas están demandando a la Administración. Lo primero, solicitan una modificación en la forma de contratar a los examinadores de la DGT. Son puestos que no están incentivados lo suficiente como para que sean atractivos para los aspirantes.

De hecho, nos explica Cano, muchas plazas llegan a quedar no cubiertas por falta de demandantes porque entre los funcionarios de la DGT no son puestos para nada atractivos.

Aquí está el problema real: las plazas de examinador están dirigidas únicamente a personal ya contratado de la Administración, funcionarios que no encuentran suficiente motivación para cambiarse a estos puestos, ya que se pide que sean funcionarios de al menos nivel C1, que suelen estar ya bastante bien asentados y acomodados en el cuerpo de la Administración.

"Es un problema porque el funcionario que ya lo es no ve atractiva la oferta para ser examinador, no opta a ello, y por tanto no se cubren las plazas", cuenta Cano, que plantea como solución una doble vertiente: primero, que las plazas sean más atractiva para que haya demandantes que quieran optar a la promoción; y, segundo, que se abran estas convocatorias al resto de la población aunque los aspirantes no sean funcionarios.

Dicho de otra manera, un profesor de autoescuela no puede ser examinador de manera directa, sino que primero debe optar a una plaza funcionarial, y las autoescuelas de Madrid, como casi en toda España, solicitan una convocatoria abierta que simplemente pida reunir unos requisitos de calidad, pero sin la obligación de que sean funcionarios.

Sobre los profesores de autoescuela, Cano, en representación de la Apamad, opina que es "un colectivo capacitado" para optar a estos puestos de examinadores, y que tan sólo haría falta un curso de capacitación.
Peticiones de las autoescuelas

De manera urgente, antes de que se solucione el problema de las plazas de examinadores a largo plazo, las autoescuelas solicitan de manera inmediata que se ofrezcan horas extraordinarias, más dinero para las jefaturas regionales de Tráfico y que, así, puedan ofrecer más plazas y de mayor calidad.

Además, se pide reforzar las jornadas de los examinadores con pruebas por las tardes, ya que casi todas las pruebas se ofrecen actualmente en horario de mañana y hasta la hora de comer. Es algo que, además, se ha estado haciendo desde 2006 para solucionar en parte este problema de las listas de espera.

Pero los exámenes vespertinos ahora no son una realidad ni una solución. La cantidad presupuestada por el Gobierno es mínima y apenas se nota como alivio cuando han vuelto a hacerse en este horario. Ya que son pocos los examinadores que hacen estos turnos.

Las autoescuelas salieron a la calle el pasado jueves 6 de abril para exigir respuestas de la Administración y un día después, el viernes 7, tuvieron una reunión con los responsables de Tráfico. En ella se acordó estudiar las alternativas, ya para ponerlas en práctica tras la Semana Santa, que supone un parón en la DGT y un tiempo en el que centrarse en temas de siniestralidad.

Entre las soluciones, intentar dar más horas a los examinadores, que se note ya en mayo en forma de más exámenes y que el cuerpo de examinadores itinerantes, que van moviéndose de provincia según necesidades, se centren en Madrid para hacer refuerzos intensos.
El clima en las autoescuelas

Es el otro punto de preocupación. El clima que se respira en las autoescuelas es tenso, afectando al personal de estos centros de formación, que incluso están viendo peligrar sus puestos de trabajo.

"Los alumnos no entienden la situación, están impacientes, pagan tasas y no comprenden por qué al pagar por este servicio no se les puede ofrecer un examen de forma adecuada", nos explica Cano, que se queja de la presión que tienen que sufrir de los alumnos cuando ellos son meros intermediarios en el sistema de la DGT.

Más suspensos y rumorología sobre los examinadores

El otro problema es que los alumnos, ante la larga espera para un primer examen o de cualquier otra convocatoria, se quedan sin dar las clases adecuadas para no gastar más dinero. Y es que una clase de conducción de vehículos clase B cuesta una media de 25 euros en la región madrileña, de 45 minutos de duración.

¿Y cómo afecta esto en la práctica a los aspirantes? Los más débiles en esta cadena del sistema de la DGT son los alumnos, que según Cano van aumentando en tasa de suspensos. Desde 2016 se ha aumentado un 5% la tasa de suspensos y apunta como causa directa el descenso en la calidad de formación para los aspirantes, que no tienen continuidad ni dan las clases óptimas para tener un nivel adecuado en los exámenes. La media de aprobado de cada aspirante en España es del 46%.

Tal y como plantea Cano y que es algo en lo que muchos profesores de autoescuela insisten, los alumnos tienen así una formación interrumpida, sin continuidad, pierden destreza a lo largo de la espera para la fecha de examen y al final intentan dar un empujón a última hora con clases de refuerzo pero que son insuficientes. Eso lo demuestra el aumento de la tasa de suspensos.

Lo que sí nos desmintió Cano es que haya una huelga de celo de examinadores que se traduzca, en su caso, en mayor riguridad en sus pruebas para aumentar la tasa de suspensos y así presionar a la Administración para que contraten más compañeros: "No hemos detectado ninguna irregularidad en ese sentido y el comportamiento de estos profesionales viene siendo igual que siempre", nos explica.

Fuente: Diario Crítico

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