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domingo, 24 de julio de 2016

El caso Seguí abre el debate sobre la conveniencia de despolitizar Tráfico

Desde 2011 se exime al titular de la DGT de ostentar la condición de funcionario, un cambio que se materializó dos meses después con la entrada de la exdirectora

Muy pocos españoles sabrían decir en este momento qué cargo ocuparonCarlos Muñoz-Repiso y Miguel María Muñoz, a pesar de que, por ejemplo, el segundo fue el artífice de las primeras -e impactantes- campañas de concienciación de tráfico y las secuelas de los accidentes. En cambio, del barcelonés que estuvo ocho años al frente de la Dirección General de Tráfico,Pere Navarro Olivella (1952), se acuerdan muchos estos días en la calle y también en la sede madrileña de la DGT, máxime tras la dimisión comunicada el viernes por el departamento de Interior de su sustituta, la también barcelonesa María Seguí Gómez (1967).

Ni siquiera el Gobierno de Mariano Rajoy que ganó las elecciones en 2011 obvió el balance de la gestión desde 2004 que dejaba Navarro, perteneciente al Cuerpo Superior de Inspectores de Trabajo. Por ello, dilató el momento de su relevo e hizo de él el cargo más duradero del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, habiendo pasado Navarro por las «manos» de dos ministros del Interior, José Antonio Alonso y Alfredo Pérez Rubalcaba, y enfrentarse a un tercero. El todavía dueño en funciones de esta cartera, Jorge Fernández Díaz, alabó tanto a su paisano y compañero de clase que en enero de 2012 aseguró que no tenía ninguna prisa por sustituirlo. Rajoy secundó los elogios por los buenos resultados cosechados por Navarro, haciendo del director de Tráfico un auténtico «rara avis», un responsable designado por un partido que se mantenía con un gobierno de otro color.

No obstante, el 30 de diciembre de 2011 se modificó por Real Decreto la exigencia al titular de esta Dirección General de ostentar la condición de funcionario y ello disparó los rumores de la salida de Navarro. Dos meses después, se materializó el cambio en la estructura ministerial. El 2 de febrero, Interior anunció que una investigadora de Harvard era el «relevo natural» escogido. Seguí había ostentado un cargo en una administración, como directora general de Salud Pública, Drogodependencias y Consumo en la Junta de Castilla-La Mancha regida por María Dolores de Cospedal, pero no milita en ningún partido. «Nadie es imprescindible», resolvió en una entrevista concedida ese día de 2012 Fernández Díaz.

Claroscuros en la gestión

La marcha de Seguí para defender la honorabilidad de su familia, que se ha visto salpicada por la supuesta concesión irregular de contratos por parte de la DGT a proyectos participados por su marido, Francisco López-Valdés, pone en solfa dos decisiones. La primera es netamente personal. Políticos y cargos internos de Tráfico debaten sobre si es correcto apartar del cargo a un técnico que consiguió rebajar por primera vez en 50 años el número de muertos en carretera de las 1.500 personas (1.479 muertos en 2011, un 50% menos de la cifra que encontró al aterrizar en la Dirección General, recién llegado del área de movilidad y circulación del Consistorio de Barcelona). Su gestión tuvo, claro está, claroscuros. Los catedráticos de Seguridad Vial consultados señalan las tareas pendientes de acometer, el remolino al implantar en 2006 el carné por puntos o una dimensión mediática que muchos calibraron de desmesurada.

Lo que sí logró Navarro, resaltan, es la sintonía o capacidad de entendimiento con las asociaciones de víctimas de tráfico. Después de conocerse la renuncia de Seguí, la opinión de éstas es unánime. Cuestionan que la lucha contra la siniestralidad vial se someta a vaivenes partidistas, si bien Seguí tiene un perfil muy técnico. «No soy política», recordaba Seguí, profesora titular en excedencia.

La opinión de la presidenta de Stop Accidentes, Ana Novella, es que con el trasiego al frente de Tráfico no se pone en el punto de mira la seguridad vial. La valoración por parte de Nuria Alonso, portavoz del Comisariado Europeo del Automóvil (CEA), estriba en que no es bueno que una institución de este tipo «se vea manchada» por cuestiones que nada tienen que ver con la lucha contra los accidentes de tráfico, informa Efe. Sobre la gestión de Seguí, Alonso no la tacha de «mala», si bien esperaban desde CEA «mejores resultados a nivel de siniestralidad».
Las lesiones, una obsesion

En una entrevista publicada ayer por ABC, María Seguí defendió que nunca le han interesado los asuntos económicos de Tráfico. De hecho, ella es licendiada en Medicina y consiguió su tesis doctoral en EE.UU. con un estudio sobre la implantación del airbag. Entre las opiniones recabadas por este periódico, lo que nadie reprueba a la ya exdirectora es que ha tratado de seguir una línea continuista al bagaje recibido por Navarro. Tiene un vasto conocimiento en prevención de lesiones de accidentes y, pese a que ha sido un rostro menos amable ante la cámara -incluso, muchos periodistas de televisión le recordaban su aversión al uso de maquillaje o su negativa a dar declaraciones sobre algún asunto de actualidad-, siempre se ha mostrado sensibilizada hasta la obsesión por las secuelas personales de los siniestros.Puso en marcha un nuevo modelo de estadística sobre la siniestralidad. En él empezó a incluirse la mortalidad a los 30 días de producirse el accidente, y no solo a las 24 horas como hasta entonces, además de incorporar al sistema la nueva definición de herido grave, adoptada en 2015 por la Unión Europea.

En los últimos meses se enfrentó al repunte de las cifras de siniestralidad, lo que encajó con poca cintura repitiendo argumentos como el obsoleto parque de vehículos y el aumento de los desplazamientos en carretera motivado por la recuperación económica. (Información)

Fuente: ABC

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