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martes, 17 de mayo de 2016

Un conductor ebrio y drogado huye tras matar a una niña de cuatro años en Girona

Los vecinos se preparaban para la merienda, el último acto de la fiesta mayor del pueblo, Bonmatí. Una pequeña localidad de la comarca de la Selva de poco más de 1.100 habitantes y al que hace 16 años llegó para quedarse un matrimonio marroquí al que ayer un desalmado de nacionalidad española de 39 años, Alejando. A. A., que conducía bajo los efectos del alcohol y la marihuana mató a su hija pequeña de 4 años y huyó. La arrolló cuando la niña regresaba con su patinete, junto a sus dos hermanos más mayores y su madre, de regar el huerto familiar. Habían recogido una bolsa con verduras y hierbabuena. La madre resultó herida de gravedad. Esta hospitalizada y no se teme por su vida. Los otros dos hijos pudieron esquivar a la furgoneta. El padre fue localizado en Alemania, donde se desplazó a trabajar en los momentos más duros de la crisis.

El atropello ocurrió poco antes de las tres de la tarde. El conductor, detenido media hora después, se subió a su furgoneta después de beber y fumar marihuana. El hombre aseguró a los mossos y reiteró después en presencia de su abogado que él detuvo el coche para auxiliar a los heridos. Pero que apareció en el escenario una persona de su entorno que le golpeó violentamente en el rostro y se lo llevó de allí. Pero que nunca quiso huir.

El juez verá qué credibilidad tiene esta versión. Lo cierto es que cuando los Mossos llegaron a lugar, el conductor no estaba. El atropello se produjo a la entrada de la localidad de Bonmatí, en la comarcal GI-532. Perdió el control de la furgoneta, invadió el arcén, y se llevó a la niña y a su mujer por delante. Y en esa maniobra influyeron el alcohol y las drogas. Porque la familia transitaba correctamente por el arcén y la vía estaba en perfectas condiciones. No hay excusas.

Varios personas que presenciaron el atropello pudieron recordar algún número de la matrícula. Los Mossos d’Esquadra pusieron en marcha un dispositivo de búsqueda del vehículo, con controles en todas las carreteras cercanas. No podía estar muy lejos. Solicitaron ayuda a las policías locales más próximas, Salt, Anglès y Santa Coloma de Farners.

Media hora después, el vehículo fue identificado por una mossa que estaba fuera de servicio. La noticia del atropello había corrido como la pólvora en la comarca y la policía telefoneó a su marido, también mosso, y que estaba de servicio. Este le contó lo sucedido y compartió con ella las características de la furgoneta que estaban buscando. Minutos después la agente descubrió el vehículo. Estaba estacionado en el interior de la localidad de Bescanó, ya en la comarca del Gironès, pero a escasos cinco kilómetros de Bonmatí.

Era el vehículo. La mosso comprobó que no solo coincidían todos los datos que le habían facilitado, sino que presentaba un gran golpe en la parte delantera y derecha del capó. Comunicó el hallazgo a su marido y el número completo de la matrícula.

Desde la división de Tráfico de los Mossos se pusieron manos a la obra. En nada tenían el nombre del titular de la furgoneta y su dirección. Se trataba de un vecino de Bescanó de 39 años. Una pareja de mossos se acercó hasta la vivienda y el hombre hizo ver que no había nadie en casa. Los agentes se escondieron. Cuando el individuo creyó que la policía se había ido, salió de su casa. En ese instante el hombre fue detenido y allí mismo, para no perder tiempo, fue sometido a la prueba de alcoholemia y al test de drogas. El resultado fue positivo en ambas pruebas. Dio un 0,53 miligramos de alcohol por litro en aire espirado. Es decir, el doble de la tasa permitida para poder conducir y positivo en marihuana. Después fue trasladado a la comisaría de Vistalegre, en Girona. El automovilista pasará en las próximas horas a disposición judicial acusado de los delitos de homicidio por imprudencia, delicto de conducción temeraria, otro de conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas, y otro de lesiones, por las heridas sufridas por la madre de la niña.

En Bonmatí nunca fue tan triste una merienda de fiesta mayor. Todos conocían a la niña, a sus padres, a sus hermanos. Por la tarde, en el arcén aún estaba el patinete con el que jugaba la pequeña. Al lado, la bolsa con las verduras y la hierbabuena para el té que la familia acababa de recoger de su huerto.

Fuente: La Vanguardia

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