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domingo, 22 de febrero de 2015

Medida permisiva en tiempos electorales

El radar no recauda dinero, recauda vidas. Es una herramienta preventiva y necesaria que permite controlar la velocidad inadecuada de los conductores y gracias a su implantación en muchas carreteras de España se han salvado muchas vidas evitando miles de dramáticas consecuencias.

Las normas de circulación son normas de obligado cumplimiento, son normas de respeto y convivencia porque en el tráfico estamos todos. El no señalizar la presencia del radar hace que los conductores se saben "vigilados constantemente" y esto les obliga a cumplir por miedo a la multa. ¡Nos duele más el dinero que perder la vida o ser responsable de la muerte de otra persona!

No deja de sorprender este anuncio de la DGT que propone hacer más visibles los controles de radar. No va a ir en beneficio de una mayor seguridad vial ya que todos sabemos que el conductor reducirá la velocidad y en cuanto haya escapado de la vigilancia del radar aprovechara para apoyar en el acelerador y seguir sin respeto a las normas de circulación. Nos parece una medida más bien permisiva en tiempos electorales? y echamos de menos una reflexión global y prioritaria que debería primar los valores de la educación y de la formación de los conductores.

Falla la conciencia del riesgo, y consideramos que esto se presta de nuevo a conductas irresponsables, pero también suena algo a negocio ya que si se va a permitir y facilitar la ubicación a las nuevas tecnologías, los GPS avisarán y tendremos tramos bien vigilados donde el conductor respetará la velocidad y en cuanto pase el control? ¿a correr?

El radar permite una conducción responsable y hace que el tráfico sea más ordenado, más fluido y sobre todo más seguro. Todos los estudios de accidentología en el mundo ponen en evidencia el papel de la velocidad que produce y agrava las consecuencias de los accidentes: bajar la velocidad un 10% hace bajar los accidentes un 40%.

Un dato, para quienes ponen siempre el ejemplo de las autopistas alemanas, en los tramos sin límite de velocidad, se calcula que la mortalidad es superior al 36% en relación a los tramos limitados. Lo que viene a confirmar que aumentar la velocidad en tramos de autopistas en España es también un verdadero disparate.

Es verdad que la mayoría de los accidentes ocurren en carreteras secundarias, y es donde hay que centrar los esfuerzos pero añadiendo más vigilancia y contemplando todas las medidas posibles porque la seguridad en la carretera no está ligada a un riesgo aparente, sino al riesgo real que además crece con la potencia del vehículo.

A día de 18 de febrero, durante 49 días del año 2015, 183 personas han perdido la vida en el tráfico, y no es una estadística voluble es una realidad. Muchas de estas personas, la mayoría víctimas inocentes, iban a trabajar o de vacaciones, tenían un proyecto de vida pero les mataron en la carretera. Una catástrofe diaria que representa 183 dramas familiares que no encuentran consuelo ni explicación, porque nos dicen que el accidente se puede evitar.

Una cifra escalofriante de difícil justificación, porque es imposible cuantificar el dolor humano que provoca, pero sí una investigación de la DGT ha calculado el valor monetario de una vida estadística y los costes sociales de los accidentes de tráfico ¿cuánto cuesta salvar una vida anónima en el 2010? 1, 3 millones de euros. ¡Lo que representa aproximadamente un coste en 49 días de una pérdida de 239 millones de euros! (Seguir leyendo)

www.farodevigo.es

2 comentarios:

Esteban dijo...

Segunda y última parte.

Respecto al dato de Alemania me remito a lo dicho para el párrafo anterior. En lo referente a España, es muy respetable, pero no deja de ser su opinión.

En carreteras secundarias lo que de verdad resultaba efectivo era lo que hacía antes la Guardia Civil de Tráfico colocando a un agente a cada lado de la carretera observando giros a la izquierda prohibidos, cambios de sentido, adelantamientos en curvas y cambios de rasante con visibilidad reducida... y no porque me diese miedo, al contrario, me inspiraba confianza porque percibía inequívocamente que estaban velando por mi seguridad, y cuánto lo agradecía y cuánto lo echo de menos. Un radar escondido no vela por mi seguridad; ni visible ni anunciado, la verdad, al contrario, hace que aumente el riesgo de alcance.
No sé en qué se basa para afirmar que el riesgo real aumenta con la potencia del vehículo, de hecho, y al menos en términos absolutos, es muy raro saber de accidentes con vehículos que superen los 300 cv, por ejemplo.

Me siento totalmente solidario con la tragedia de esas personas, desde luego. Pero todos los accidentes no se pueden evitar, es imposible. Los imponderables existen. Por otra parte, yo tampoco encuentro consuelo ni explicación si me muere un ser querido, sea por la razón que sea.

Perdone mi torpeza pero esto último no lo entiendo, tampoco me importa mucho el tema del dinero en este contexto, sinceramente.

No comparto su opinión en este párrafo, con todos mis respetos, me parece demagógico. La Justicia, sí actúa; las sentencias... habría que estudiar una por una, pero por lo que nos llega a través de los medios hay de todo, según los casos, y, en principio, se supone que en los juzgados hacen bien su trabajo, si cometen errores se puede apelar... La pena sí tiene un doble fin: castigar y reeducar; pero prevenir no veo que proceda, cuando un asunto llega a un juez los hechos ya se han producido. Y que las víctimas estén desprotegidas, francamente, me cuesta mucho creerlo, pienso que deberían detallar casos.

También discrepo en las líneas finales, lo siento, aunque sólo es mi opinión, creo que no todos quieren vivir y convivir (sobre todo lo segundo), ni en la carretera ni en ninguna parte. Seguramente sabe que desde hace unos años en España, desgraciadamente, mueren bastantes más personas por suicidios que por accidentes de tráfico, y eso, sin contar los suicidios que encubren algunos de ellos.

Gracias por su atención.
Un saludo.

Esteban dijo...

Primera parte.

Estimada señora Picard:

Respeto profundamente el dolor ajeno y me siento solidario con él, nada excepcional, porque considero que ambos aspectos son inherentes a la condición humana. Además, yo mismo he sufrido dramas y tragedias, y seguramente la vida aún me depare más; pero tampoco es nada extraño: nos pasa a todos. Sin embargo, ser víctima, por lo que sea, en sí mismo, ni nos hace expertos en nada ni nos otorga ningún derecho adicional. Dicho esto, a modo de preliminar que considero necesario, paso a responder a su escrito correspondiéndose cada uno de los siguientes párrafos con los suyos.
Que recauda dinero es un hecho; que “recauda vidas” está por ver, al menos yo no conozco ningún estudio científico que así lo avale, pero si usted lo conoce y tiene la amabilidad de indicarme cómo acceder a él, cuando le sea posible, se lo agradeceré y lo estudiaré con mucho gusto.
El radar, por cierto, sólo detecta excesos de velocidad respecto a un límite prefijado, pero no detecta nunca la velocidad inadecuada, eso es otra cosa y eso sí que incide en la seguridad.

Las normas son necesarias y deben cumplirse, naturalmente. Pero antes el legislador debe asegurarse de que se imponen bajo criterios técnicos y no por subjetivas opiniones impuestas por grupos de presión; además, deben ser posibles de cumplir. Por ejemplo, en las ciudades difícilmente estaría bien abastecido el comercio si no se incumpliesen numerosas normas, cada día, relativas a paradas y estacionamientos. Los periódicos no estarían a primera hora en los quioscos si los conductores que los transportan no exceden los límites de velocidad. En un semáforo en rojo con cámara de control, ¿qué ocurre cuando llega una ambulancia en servicio urgente? Si me lo salto me cuesta 200 € y pierdo 4 puntos, si no, puede ser mucho peor. Y podría ponerle muchos más ejemplos de incongruencias entre normas y realidad.
Saberse “vigilados constantemente” en la realización de cualquier tarea la hace más falible y odiosa, por tanto más insegura. Y como no se puede mantener una vigilancia permanente, aumenta el riesgo de actitudes insensatas cuando uno se cree a salvo. Inculcar el miedo nunca es una buena idea, y en la medida que este aumenta disminuye la responsabilidad.

Mi sorpresa es a la inversa: un radar escondido no evita la infracción ni el supuesto grave peligro que conlleva; uno anunciado o visible, sí, ¿no es esto lo que importa y de lo que se trata, de que se generen menos situaciones de riesgo? De todos modos, y esto es sólo una opinión, con esta estrategia creo que la DGT conseguirá más multas; y están los helicópteros...
Totalmente de acuerdo en lo que respecta a educación y formación. Por cierto, y discúlpeme y corríjame si me equivoco, por favor, nunca he visto que ninguna asociación de víctimas de accidentes solicitase al Gobierno que ningún aspirante al permiso de conducir lograse el carnet sin demostrar que sabe hacer una frenada de emergencia. Algo, que sin duda tendrá que hacer alguna vez, que casi nadie sabe y que genera muchos accidentes.

No entiendo a que se refiere en este párrafo con la palabra “negocio”. Tampoco sé que significa “correr”; pero sí entiendo que está expresando un prejuicio. Y en lo que yo veo no coincide con la realidad, pocos conductores exceden los límites genéricos, pero eso sí, la mayoría van a piñón fijo: si circulan a 100, así siguen aunque se encuentren límites inferiores.