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lunes, 17 de agosto de 2015

La crisis y la tecnología alejan a los jóvenes de la conducción

Si tiene chicos y chicas de menos de 25 años en su entorno y los compara con cómo era usted en aquella época, se habrá dado cuenta de que lo que para usted era una aspiración y una necesidad, tiene escaso interés para ellos. Usted se moría por sacarse el carné de conducir. Ellos prefieren gastarse ese dinero en un smartphone. Usted asocia la primera sensación de libertad e independencia con ponerse al volante y conducir a los amigos a cualquier parte. Ahora los jóvenes entienden que, para ser libre, hay que estar conectado. El coche no es parte de sus prioridades.

Las sensaciones asociadas con los automóviles están cambiando hasta quitarles toda la pátina de glamour que tuvieron. Hace 20 años, el prestigio social y el lujo eran el primer concepto que se asociaba con los vehículos, según el Observatorio Cetelem Auto 2014, seguido de la libertad. A día de hoy, la libertad y la independencia ocupan la primera posición, pero, dentro de 20 años, el coche se percibirá como “un medio de transporte entre otros”, según las conclusiones de Cetelem. La contaminación pasa de ser el quinto concepto asociado con la automoción a día de hoy al tercero cuando se pregunta por el futuro.

Este hecho preocupa a la industria del motor y a todas sus derivadas. Según una encuesta a nivel mundial de KPMG a los directivos del sector de la automoción (KPMG’s Global Automotive Executive Survey 2014), el 54% de los ejecutivos de estas empresas están convencidos de que los menores de 25 años no tienen el coche como primera opción de movilidad. Y la propiedad de un segundo vehículo en una familia se descarta “sobre todo en aquellos lugares en los que existe un transporte alternativo a menos de 15 minutos del sujeto”, señala la encuesta. Vivir en una gran urbe acentúa esta falta de interés por la conducción. “La llamada generación Millennial [los nacidos entre 1980 y 2000] aparentan menos interés en adquirir las propiedades tradicionales como la casa y el coche y prefieren alternativas como tecnologías móviles o ropa. El reto para la industria automovilística es encontrar la manera de atraer el interés de este grupo social”, detalla KPMG.

Y mientras las marcas del motor se esfuerzan en seducir a este grupo poblacional con la introducción de internet y las nuevas tecnologías en los coches, con diseños más rompedores y consumos mucho menores (y menos emisiones de CO2), la fuente del problema está un poco más allá. Porque es imposible atraer a un futuro conductor que no tiene interés en sacarse, ni siquiera, el carné de conducir.

Entre 2008 y 2014, el número de permisos de conducir expedidos en España ha bajado un 52%. En 2008 se otorgaron 1,36 millones de carnés de conducir, frente a los 659.240 permisos aprobados en 2014. Por tipos, el carné más común, el de tipo B, que autoriza para la conducción de turismos, ha reducido sus aprobaciones en un 48%. El impacto es mucho mayor en los permisos profesionales, en los carnés de tipo C y D, cuya expedición se ha reducido en un 72% para el tipo C (camiones) y en un 70% para los de tipo D (autobuses), según los datos facilitados por Pons Seguridad Vial, consultora especializada en movilidad. La consultora es fruto de la experiencia de Pons Editorial, que lleva más de 60 años publicando metodologías para la enseñanza de la conducción y la capacitación profesional del transporte por carretera.

“El sector de las autoescuelas atraviesa su propia crisis, que se ha visto agudizada por la económica”, explica Shara Martín, directora general de Pons Seguridad Vial. “Por un lado, por la menor natalidad, hay menos jóvenes que necesiten examinarse del carné. Pero además, ante un escenario de recorte de gastos, si tienen que elegir, van a preferir comprarse un smartphone o una tablet antes que dedicar esos 700 euros a aprobar el permiso de conducir”, dice la experta.

“El cambio en la mentalidad y en las prioridades también va acompañado de un cambio en la movilidad”, asegura Martín. Las posibilidades que aporta internet para poner en contacto a distintos usuarios ha hecho que surjan iniciativas de compartir coche, como BlaBlaCar o Uber, y sistemas de alquiler de coches más sencillos y baratos, como Respiro o Bluemove, que se apoyan en que el coche sea un bien compartido y promueven el uso del transporte público o la bicicleta.

El negocio cae pero las escuelas se multiplican

Siguiendo las normas de la lógica, si la expedición de permisos de conducir ha caído un 52% en seis años, lo normal sería concluir que el negocio de las autoescuelas habrá caído en un porcentaje similar. Sin negocio, los centros tendrían que cerrar y el censo de autoescuelas debería haber disminuido dramáticamente estos años.

Sin embargo, el efecto producido por los años de crisis ha sido justo el contrario. Mientras los permisos se desploman, el número de autoescuelas ha subido un 16%, según los datos de Pons Seguridad Vial. El año pasado había 5.971 centros con 9.197 filiales, frente a las 5.147 autoescuelas con 8.883 filiales de 2008.

“La crisis sí ha provocado el cierre de las grandes autoescuelas o el despido masivo de muchos profesores. Esto ha derivado en el ascenso del autoempleo, porque muchos de los despedidos se han montado otro centro por su cuenta, y en que otras autoescuelas se han quedado con los negocios que se iban cerrando, lo que ha provocado el mayor número de filiales”, detalla Shara Martín.

Este fenómeno es más acusado en provincias en las que la caída de los permisos es más fuerte. Por ejemplo, en Huelva, la expedición de carnés ha bajado un 70% y el número de autoescuelas ha subido un 69%. En Sevilla, se otorgan un 64% menos de permisos pero hay un 48% más de centros en funcionamiento.

La directora general de Pons Seguridad Vial apunta a que “la facturación del sector habrá caído cerca del 50%”, lo que implica que los nuevos “están sufriendo más”. (Información)

www.cincodias.com

1 comentario:

Esteban dijo...

Buena parte de nuestros jóvenes ha sido y son castrados, protegidos hasta el absurdo por madres y padres con complejo de culpabilidad por ser "malos padres", les regalan títulos que no se han ganado, que son papel mojado, y, sin embargo, los vitorean, aplauden y premian. ¿Cómo van a querer conducir? Eso requiere esfuerzo y trabajo; atención y concentración, pero siempre les han distraído. Y encima saben que pueden hacerse daño, o que pueden pasar por un hospital, por una comisaría, hasta acabar en la cárcel o en el cementerio.

Les han engañado y estafado miserablemente, y se dan cuenta. No son tontos. Les han anulado, o casi, los sentimientos de libertad e independencia, las raíces de las emociones que hacen amar automóviles y aviones, inventos que responden a un sueño ancestral y universal del ser humano porque permiten ampliar enormemente los límites de nuestro cuerpo. Nada tienen que ver en esto glamour y estatus.

También saben que el "gran hermano" campa a sus anchas por las carreteras; nunca se sabe cuánto va a costar un viaje medianamente largo en coche, porque en cuanto uno se despiste, y sin "correr", y sin peligro alguno, bien puede ser que acabemos pagando 200 € más. El Gobierno ha hecho una nefasta política de avariciosa represión en las carreteras y lleva inyectando el miedo (facilita errores y despistes) durante décadas. ¿Cómo van a quere conducir? No son idiotas. Así que prefieren aviones, autobuses y trenes. Pero dichos medios de transporte nunca permitirán el gratuito lujo de parar una noche de verano en pleno desierto de Calanda para contemplar sin prisa un cielo cuajado de estrellas. Al menos mi hijo lo ha vivido conmigo, en los dos papeles: pasajero y conductor. Y conduce, por supuesto. Y muy bien.

El estudio del que habla la noticia se queda lejos de llegar a las raíces del problema, que no sólo se limita a la industria del automóvil y adyacentes, sino que genera una mutación en la sociedad por la que esta se convierte en rebaño. Con todo, me resisto a creer que la castración de la que hablo al comienzo sea irreversible. ¡Vive esperanza!